jueves, 18 de febrero de 2010

Entre las matemáticas y la astronomía



Dr. Félix Recillas Juárez
Entre las matemáticas y la astronomía



Logró con dificultad estudiar simultáneamente en la Escuela Nacional de Ingenieros y la Facultad de Ciencias, pues limitaciones económicas lo obligaban a trabajar como topógrafo.

MATEMÁTICO / FALLECIÓ EL 15 DE ENERO DE 2010.

En México, un país en que históricamente ha sido común la carencia de datos precisos para evaluar el desarrollo socioeconómico, Félix Recillas Juárez, matemático eminente, se preocupó, y ocupó, en desarrollar métodos de análisis y medición estadística y matemática, a partir de la creación, junto con Enrique Valle Flores y Ana María Flores, del Instituto de Estadística y de la Dirección de Normas y Medidas de la Secretaría de Industria y Comercio, hoy Secretaría de Economía.

Con un penetrante genio analítico y una sorprendente memoria matemática, como lo recuerda el director del Instituto de Matemáticas (IM) de la UNAM, Javier Bracho, Recillas fue fundador de esta institución en 1941, lo mismo que de la Sociedad Mexicana de Matemáticas.

Hizo además aportaciones notables a la astronomía, al participar en la creación, entre 1941 y 1942, del Observatorio de Tonanzintla, en Puebla, actualmente de los más importantes centros de investigación astronómica, óptica, electrónica y en ciencias computacionales en México.

Iniciaba la década de los 40 cuando Félix Recillas hizo el recorrido de Boston a la frontera de EU con México, conduciendo el camión que transportaba la Cámara Smith, construida en la Universidad de Harvard para instalar en el telescopio de Tonanzintla, Puebla, donde iniciaba el proyecto del observatorio astronómico.

Fue un arranque difícil. Se realizaban ensayos y ensayos sin poder hacerlo funcionar. Luis Enrique Erro, notable astrónomo mexicano, encabezó el proyecto, al que se unió el también astrónomo Guillermo Haro, quien hizo funcionar el complejo instrumento cuando ya el desánimo se había apoderado de varios técnicos y científicos.

Sin perder el ánimo, Félix Recillas se mantuvo impulsando el proyecto, aunque tenía bien claro, a esas alturas, que lo suyo eran las matemáticas.

ARRANQUE INCIERTO

Originario de San Mateo Atenco, Estado de México (27 de enero de 1918), no había nada en su vida que anticipara su gran potencial científico en un área que tenía muy escasos recursos y gran rezago respecto al progreso científico en otras naciones.

En 1998, en su 80 aniversario, relató en entrevista: “Mi padre había sido un minúsculo funcionario de la administración pública de don Porfirio (Díaz), y cuando la revolución estalla, muchos familiares y miembros de la comunidad indígena donde vivíamos se fueron a la revolución y regresaron ya como mandos zapatistas, carrancistas, villistas. Cada vez que llegaban querían cobrarse los agravios contra mi padre, que les había exigido los minúsculos tributos del gobierno. Mi padre tenía que salir corriendo a meterse a la laguna, a esconderse entre los tules con agua hasta el cuello. Hasta que mi madre lo obligó a emigrar hacia la Ciudad de México.

“Llegamos a vivir a un solar baldío donde había unas casuchas, cerca del Hospital General. A los dos años mi padre se desvaneció, se perdió en la gran ciudad y no volvió más. Mi madre regresó al pueblo y yo me quedé con mis hermanos mayores. Ellos empezaron a trabajar en fábricas de hilados y tejidos… Nunca salí del barrio de la (colonia) Doctores, donde pasé mi infancia y mi adolescencia en un ámbito de herreros, carpinteros y choferes.”

En plena revolución cristera debió abandonar sus estudios de primaria por la religiosidad de algunos miembros de su familia; sin embargo, ingresar a la Secundaria 7 marcó su destino, al entrar en contacto con profesores que motivaron su interés por las matemáticas, pues notaron en él talento científico.

ENCUENTROS

El maestro Alfonso Nápoles Gándara, director del IM durante 20 años, fue su profesor; igual Alberto Barajas, que “nos dio un bellísimo curso de trigonometría con tanto gusto y tanta dedicación que nos llevó a la trigonometría esférica”.

Logró adelantar su ingreso al bachillerato, donde conoció a otro maestro importante en su vida: Carlos Graef, de geometría analítica.

Él lo impulsó a entrar a Ingeniería. “Fue un gran salto… de pronto me encontré en un ámbito cultural intenso, aprendí literatura y música”.

Logró con dificultad estudiar simultáneamente en la Escuela Nacional de Ingenieros y la Facultad de Ciencias, pues limitaciones económicas lo obligaban a trabajar como topógrafo de tiempo completo.

En los 40 obtuvo beca para estudiar Astronomía en la Universidad de Harvard, como parte del proyecto Tonazintla, y a su retorno se le otorgó una más para el doctorado en matemáticas en la Universidad de Princeton.

Invitado desde los 40 por numerosas y muy prestigiadas universidades nacionales y extranjeras a dar cursos, seminarios o sumarse a su plantilla de profesores e investigadores, Recillas siempre prefirió permanecer en México, donde dio un notable impulso a la formación de especialistas en matemáticas aplicadas, y apoyó esfuerzos desde el sector público para desarrollar la medición estadística como herramienta de políticas públicas. Fue director de la Facultad de Ciencias de 1982 a 1986.

Félix Recillas Targa, su hijo, doctorado en biología molecular, recuerda: “Era extremadamente honesto, todo un caballero, pero tenía carácter fuerte, duro… muy estricto académicamente, pero su parte humana era muy buena gente… nunca nos obligó a ser científicos pero nos daba el ejemplo… Él estaba haciendo matemáticas en su escritorio, en casa. Nos decía que había que ser muy humildes ante la ciencia”.

Fue uno de los primeros científicos “que se plantearon metas utópicas, al parecer ilusorias en nuestro medio respecto a las matemáticas. Insistía en que hay que estudiar las grandes escuelas matemáticas contemporáneas”, escribió de él su colega, Enrique Ramírez de Arellano.

Además de Félix Recillas Targa, le sobrevive su hija, Elsa Recillas Pishmish, investigadora del Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica, que su padre contribuyó a crear hace casi 60 años.

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